Sobre Tarkovsky
el 25 nov En: Cine - sin comentarios
A continuación, un fragmento de la película "Nostalghia", correspondiente al sueño:
Con frecuencia, escuchamos ya casi que como un lugar común la expresión: "es único". Obras de arte, literarias y cinematográficas se atribuyen casi que de manera regular este atributo y por lo general se termina usando de manera indiscriminada.
Sin embargo, como bien lo señala Tarkovsky en su artículo "el tiempo sellado", el carácter único con el que se podría definir una obra dentro del cine, requiere de unas características particulares, específicas y que empiezan a establecer una relación especial con el tiempo, la psicología y por qué no, la esencia misma del director y su manera particular de entender, capturar y hacer vivo nuevamente cualquier momento de la realidad y la vida.
Esta vida, que implica necesariamente una manera de contemplar, pero también una forma de recrear, de usar la cámara como un ojo capaz de capturar lo efímero y llevarlo a lo existente y de lograr, con la magia de la imagen, hacer que el recuerdo permanezca, se reedite y pueda incluso jugar a la presencia instantánea semejante a la existencia, tal como nos lo presentaron los Lumiere en su primer experimento con la técnica, es justamente la naturaleza que hace único al cine. Como lo señala claramente Tarkovsky, “la imagen cinematográfica es, pues, en esencia, la observación de los hechos de la vida, situados en el tiempo, organizados según las formas de su propia vida y según las leyes del tiempo de esta” (Tarkovsky, 1991).
Sin embargo, esta forma particular de mirada, que eleva al cine al grado de artístico y de único, y que pone al director en la tarea de, ponerse ante la cámara como el escultor ante el mármol o el pintor ante el lienzo y poder sacar una vida de ellos y como ninguna otra forma estética, estar en capacidad de revitalizar mediante los cánones específicos del lenguaje de la imagen, implica un grado de dificultad en el que cada película funciona de manera distinta y jugar con el lenguaje cinematográfico es ante todo un acto de pensamiento y fidelidad.
Y es justamente en esta propiedad de ser fiel a las concepciones que rigen la creación y las pulsiones del artista, en donde radica el carácter “único” y “difícil” del arte cinematográfico. Un verdadero director, capaz de jugar con el tiempo, de esculpir en él y de concebir una verdadera obra estética debe siempre seguir su idea, con la calma de quien ante el telón de la mente tiene una revelación que se materializa con la magia de la lente de la cámara, pues como dice Tarlovsky: “el síntoma más claro de genialidad… el hecho de que un artista siga con tal fidelidad su idea y sus principios que nunca pierda el control sobre su idea y su verdad interior” (Tarkovsky, 1991). Verdad en cuyo encuentro, la palabra “único” realmente adquiere sentido.




